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Jueves, 28 de Agosto de 2008

NAVIDAD

Cada vez son más las palabras que escuchamos en contra de la celebración de la Navidad, de estos días en los que el consumo se multiplica por “n” y en los que sin querer o queriendo, debemos poner buena cara a la suegra (con la que no hablamos), al suegro (que nos la hizo y la debe todavía), al primo o prima con el que nunca tuvimos nada que ver y al que saludamos y abrazamos con fingido cariño.

                        Sé, conozco, conocemos todos, los tópicos que incluyen comer más de los debido, beber sin tener nada en cuenta, mostrar una alegría que no se siente y aflojar el bolsillo más de lo que debemos. Pero yo reconozco, sin ninguna vergüenza, que me gusta la Navidad, me encanta vivirla y hacer partícipe de ella a todo el que me rodea.

                        Evoco mis recuerdos de infancia y siempre disfruté mucho de la Navidad: desde que poníamos el árbol en el que siempre faltaba alguna bola que se había roto (antes se rompían de un año para otro) y el encender las luces, fundidas en su mayor parte, algo que siempre provocaba el enfado de mi padre.......hasta los villancicos, la pandereta, los amigos en casa, el acostarse más tarde, el jugar y más que jugar con los vecinos, que para eso estábamos de vacaciones y todos los “extra” que se hacía en esos días.

                        Mis “extras” eran el cine, el espectáculo que se vivía en la calles de mi ciudad, que brillaban como nunca, y los escaparates en las tiendas, a los que como niño me quedaba pegada: recuerdo especialmente una pastelería que montó un año una aldea suiza, al más puro estilo de “La Casita de Chocolate” imagínense a todos los niños pegados , viendo ríos de azúcar glas, adornos de todos los sabores, fuentes de caramelo y casas de chocolate y guirlache en dónde esquiadores de azúcar disfrutaban de el más puro ambiente navideño rodeados de nieve. Una música, de repente,  ponía en marcha un mecanismo en el que Papa Noel repartía caramelos y yo quería entrar dentro, por que a mis Navidades sólo les faltaba esa nieve de azúcar............

                        Luego había actividades en las que participar, belenes que visitar y por supuesto la Cabalgata de Sus Majestades los Reyes de Oriente, algo de obligado cumplimiento para nosotros. Era mi momento culmen, no había más, no me importaba nada más que ver, rodeado de riqueza al rey Baltasar ¿ han visto alguna vez algo mejor ¿ con esos ojos de niño, no hay nada mejor en el mundo.

                        He de agradecer muchas cosas, en mi educación, a mis padres, y el amor a la Navidad es una de ellas, como otras muchas cosas, aunque no se lleve, aunque todos las queramos pasar de largo y rápidamente. Si vivimos con ojos de niño la Navidad, la disfrutamos, seguro.

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